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05/12/2012

1:02 AM

LA PRIMERA MEXICANA EN OBTENER LICENCIA DE PILOTO AVIADOR

La señorita Emma Catalina Encinas Aguayo fue la primera mujer mexicana en recibir la licencia de Piloto Aviador otorgada por el Departamento de Aeronáutica Civil de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas el día 4 de diciembre de 1932, tras realizar su primer vuelo solo unos días antes, el 20 de noviembre.

Emma Catalina Encinas Aguayo nació en el Mineral de Dolores, Chihuahua el 24 de octubre de 1909, estudio de niña en un colegio de monjas en Los Ángeles, Ca. Su primer contacto con la aviación tuvo lugar en aquellos años cuando asistió a una de las famosas carreras aéreas “All Women Air races” organizadas en el campo aéreo de Santa Mónica.

Emma inició sus estudios de vuelo en la escuela que fundara en Chihuahua el Coronel Roberto Fierro y los concluiría en la Ciudad de México, dónde hizo los exámenes finales ante sinodales oficiales.

El curso práctico elemental que tomó en Chihuahua comprendía, por este orden, vuelos rectos y nivelados para “sentir” el avión; realización de “ochos”; efectuar “latigazos” o picadas y finalmente realizar despegues y aterrizajes. La teoría consistía en nociones elementales de aerodinámica, motores y vuelo por contacto.

Compartía las clases con siete alumnos entre quienes se encontraba Leo López Talamantes. Todos ellos fueron educados y amables y la mayor broma que se atrevieron a hacerle fue decirle que para volar no necesitaba avión, ya que bastaba con el viento.

Cuando estaba lista para hacer el “solo” el Coronel Fierro trasladó la escuela a Monterrey y ya no pudo seguir volando.

Por razones de salud de su señora madre debió trasladar su residencia a la Ciudad de México y en ella renació la esperanza de poder continuar los estudios y prácticas de vuelo. Pero la Capital de la Republica no ofrecía opciones y solo se podía estudiar para piloto militar o en la escuela de Mario Castelar para civil. Comenzó las clases con éste pero como no la “soltaba” le reclamó y el instructor, que tenía unas ideas muy particulares sobre el hecho de que una mujer volara, decidió que hasta ahí habían llegado.

Emma Catalina en los llanos de Balbuena

La jovencita menuda y frágil no perdió la fe y se presento ante el Coronel Fierro quién ya se encontraba al frente del Primer Regimiento Aéreo en Balbuena y la recomendó y la recomendó con el General Leobardo C. Ruiz, director de la Aeronáutica Militar. El entusiasmo de Emma fue primordial para convencer a todos en continuar en el campo de Balbuena su interrumpido entrenamiento. Tras una rápida identificación con el piloto instructor Figueroa y el avión Spartan, bautizado como “Tormenta”, Emma se encontraba lista para realizar su tan ansiado “solo”.

Emma Catalina junto a su avión "Tormenta" acompañada del Cor. Roberto Fierro

El día 20 de noviembre de 1932, todo estaba previsto para que el instructor la “soltara” esa mañana, el aeródromo de Balbuena se encontraba en calma, pues a temprana hora se celebraba el desfile conmemorativo a la Revolución Mexicana en el Zócalo, sin embargo se empezó a correr la voz por todo el campo aéreo de que se trataba una mujer que volaría sola por primera vez, por lo que se congrego mucha gente para presenciar el vuelo.

Emma se puso muy nerviosa pero convino en que esa mañana haría su primer “solo”.Vestida con pantalón y botas altas tipo militar, una chamarra de cuero rojo, “googles”, una bufanda blanca con el escudo de aviación bordado, como se presentaba diario en el campo, estaba lista para realizar lo que sería un vuelo memorable.

A media mañana el Coronel Fierro instó a Emma a subir al avión Spartan que ya estaba listo: El militar le dijo: “Emita, ahora me vas a volar tú a mi”, y se subió en el lugar del instructor. Le dio las señales para iniciar el vuelo; posteriormente el volar recto y nivelado y mas tarde hacer varios ochos; después hacer varios aterrizajes, primero contra el viento, luego con viento en cola y finalmente con viento cruzado. Tras hacer el tercer aterrizaje, Fierro la mandó rodar hasta el hangar, se bajó y con toda naturalidad le dijo que ahora lo haría sola. El instructor le guiño el ojo dándole ánimos.

Emma Catalina Encinas Aguayo despegó, tomó altura y niveló. Entonces cobró conciencia de que estaba sola pues no había cabeza delante de ella. Al hacer un viraje vio abajo los hangares y a gran cantidad de gente. Poco a poco se tranquilizó e inició los procedimientos para aterrizar. Después de tres toques y despegues condujo el avión hasta el hangar y una vez que detuvo el avión fue materialmente bajada de la cabina y un numeroso grupo de entusiastas la llevaron en hombros hasta el Zócalo en donde acababa de terminar el desfile.

Emma Catalina el día de su primer vuelo

Quince días después, el 4 de diciembre, presentó el examen oficial ante las autoridades del Departamento de Aeronáutica Civil en el mismo campo aéreo de Balbuena para que le otorgaran la licencia de piloto.

En condiciones normales examinaba una sola persona y el examen consistía en una breve rutina, pues todo el mundo conocía  a los instructores y a los aspirantes a pilotos cuyos avances se realizaban a la vista de todos los integrantes de la aviación. Pero ahora se trataba de la primera mujer y los hombres querían tener la seguridad de que no se iban a equivocar. Es por eso que los sinodales fueron cinco y las pruebas mucho más severas que las normales. Pero Emma se encontraba muy bien preparada pues su instructor la había llevado en varias ocasiones sobre el Lago de Texcoco y enseñado hasta algunas maniobras acrobáticas. Además del vuelo rutinario debió hacer una barrena y una espiral sin motor para terminar con un aterrizaje en la marca.

La Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas a través del Departamento de Aeronáutica Civil entregó a la flamante nueva piloto, la licencia de Piloto de Turismo número 54. 

Texto: Hugo Gutiérrez

Fotos: Archivo, Manuel Ruiz Romero

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